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domingo, 16 de junio de 2013

Verdaderos padres y esposos

domingo 16 de junio de 2013 01:00 AM
Antonio Pérez Esclarín / Filósofo / pesclarin@gmail.com / 

fuente: Panorama.com


     La celebración del Día del Padre debería ser una ocasión para asumir con mayor responsabilidad la paternidad, lo que implica aprender a ser esposo fiel, cariñoso y responsable. El último libro de Piero Ferruci Nuestros maestros los niños, ha sido traducido ya a 11 idiomas. En él, afirma el autor: “Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta: la relación con mis hijos pasa a través de la relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación si mi relación con ella no es buena”.

La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que “cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos: su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía bellísima o como una herida dolorosa.

Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto”.
La conclusión parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran esposo. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido. A mí me gusta repetir que “la mejor herencia que podemos dejar a los hijos, es el recuerdo de unos padres que se respetaban y querían”. Nada da más felicidad y seguridad a los hijos que ver que sus padres se aman. Ni nada les hace sufrir más que ver que sus padres se gritan, se insultan, se ofenden. En definitiva, más que la separación y la ruptura del matrimonio, lo que en verdad hace sufrir a los hijos es el maltrato antes de la separación.

Lamentablemente, todavía está muy arraigada la cultura machista, que lleva a muchos varones a considerar a la esposa como su “propiedad”, siempre a su servicio, a la que incluso ellos pueden ofender y violentar. Numerosos datos indican que las mujeres violentadas por sus maridos son el doble que las violadas por extraños. Vejaciones físicas y psicológicas que la esposa ha de sufrir sintiéndose íntimamente violada por aquél que se supone que la ama.

Pero nadie parece muy interesado en denunciar estos comportamientos. Las personas de talante conservador, modeladas por una cultura patriarcal, se niegan a apoyar una intervención social en “el santuario de la familia” donde la esposa ha de estar a la total disponibilidad del marido.
Las personas de talante liberal que han acogido con gozo “la revolución sexual” se niegan a reconocer que esta revolución, al banalizar el sexo sin desarrollar la ternura, la mutua acogida y las relaciones personales de la pareja, está perpetuando la violencia contra la mujer de una manera más brutal y deshumanizadora.

domingo, 26 de mayo de 2013

Aprender a convivir


tomado de: http://www.panorama.com.ve

Antonio Pérez Esclarín / Filósofo / pesclarin@gmail.com
domingo 26 de mayo de 2013 01:00 AM 



En momentos en que seguimos en Venezuela fuertemente polarizados y divididos, es urgente que todos nos esforcemos por evitar toda palabra y actitud que pueda promover el enfrentamiento y la violencia. La genuina democracia no es sólo una forma de gobierno sino que es sobre todo un modo de vida. Fortalecer la democracia va a exigirnos a todos: padres, maestros, empresarios, trabajadores, periodistas y especialmente a los políticos que deberían darnos ejemplo, promover y garantizar las competencias esenciales para una sana convivencia y para el ejercicio de una ciudadanía responsable:
-Aprender a no agredir ni física, ni verbal, ni psicológicamente a nadie, requisito indispensable para la convivencia social. La agresión es signo de debilidad moral e intelectual y la violencia es la más triste e inhumana ausencia de pensamiento. Hay que aprender a resolver los conflictos mediante la negociación y el diálogo, de modo que todos salgan beneficiados de él, tratando de convertir la agresividad en fuerza positiva, fuerza para la creación y la cooperación y no para la destrucción. Valiente no es el que insulta, ofende o golpea, sino el que es capaz de dominar sus propias tendencias agresivas y las convierte en canales de encuentro y construcción de vida.
-Aprender a comunicarnos, a dialogar, a escuchar al otro como portador de verdad. El que cree que posee la verdad, no escucha, sino que la impone a los demás. Pero una verdad impuesta deja de ser verdad, se convierte en mentira. “La verdad les hará libres”, dijo Jesús. La verdad nos libera primero que nada de la prepotencia, de la soberbia, del pensar que somos superiores y que los que no piensan como yo están en el error o son unos malvados. Hoy hablamos mucho, pero cada vez escuchamos y nos escuchamos menos. No olvidemos nunca que lo más importante en un diálogo verdadero no es tanto lo que se dice sino el modo en que se escucha. De ahí la importancia de aprender a conversar, escuchar, expresarse con libertad, argumentar, comprender al otro y lo que dice, defender con fuerza las propias convicciones sin agredir ni ofender al que las contradice. Una comunidad que aprende a conversar, aprende a convivir.
-Aprender a interactuar con los otros, a valorar y aceptar las diferencias políticas, culturales, de raza, de género, sin convertirlas en desigualdades. Aprender a tratar con cortesía, a decidir en grupo, a considerar los problemas como retos a resolver y no como excusas para ofender o culpar a otros.
-Aprender a cuidarse, a cuidar a los otros, a cuidar el ambiente, las cosas colectivas, los bienes públicos que pertenecen a todos. Aprender a esforzarse y a trabajar con responsabilidad y calidad, medio esencial para garantizar a todos unas condiciones de vida digna en vivienda, alimentación, educación, trabajo, recreación…, como factores esenciales para la convivencia pacífica. Si gran parte de la población no cuenta con condiciones adecuadas de vida y apenas sobrevive penosamente, no será posible la convivencia. La defensa de los derechos humanos esenciales se transforma en el deber de hacerlos posibles y reales para todos.
-Aprender a valorar, la propia familia, cultura y religión, y a respetar las familias, culturas y religiones diferentes, dentro y fuera de cada país, combatiendo los dogmatismos, fundamentalismos e intolerancia de quienes quieren imponer una única forma de pensar, de creer, de vivir. El fanatismo es odio a la inteligencia, miedo a la razón.
-Aprender a desarrollar la autonomía personal, la confianza, el respeto, la responsabilidad, la cooperación y la solidaridad. En definitiva, sólo será posible convivir, es decir, vivir con los demás, si hay personas dispuestas a vivir para los demás. Educar en la solidaridad supone despertar la comprensión, el amor, el sentido de justicia actuantes. La solidaridad verdadera nos libera de la demagogia y de la retórica, del afán de poder y de tener.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Fe y Alegría sigue reclamando justicia educativa



Texto: Antonio Pérez Esclarín

Fe y Alegría nació hace 56 años queriendo dar respuesta a la situación de injusticia educativa que representaba más de la mitad de la población sin saber leer ni escribir. En la raíz de su nacimiento se unieron la indignación osada, contagiosa y constructiva del Padre Vélaz y sus universitarios ante la realidad de la miseria, con la generosidad rotunda del obrero Abraham Reyes, que cedió su casa, en el actual 23 de Enero de Caracas, para que en ella funcionara la primera escuela.

Esa respuesta inicial, como semilla buena caída en tierra fecunda, se multiplicó rápidamente, y se convirtió en una amplísima red de escuelas, talleres, emisoras de radio, institutos universitarios, centros de formación, investigación y capacitación siempre al servicio de los más pobres y necesitados, en 19 países.

Han transcurrido 56 años desde el nacimiento de Fe y Alegría. Fueron necesarios muchos años de trabajo responsable y grandes sacrificios para lograr un primer reconocimiento del Estado, muy tímido, con el otorgamiento del primer subsidio. Los veinte primeros años se subsistió con donaciones, rifas, numerosas actividades para recabar fondos y, sobre todo, con la generosidad y entrega a raudales de sus maestros y trabajadores. Fueron miles de personas, religiosas y laicos, que se contagiaron de ese espíritu solidario y comprometido del fundador y lucharon venciendo los obstáculos. Se crecieron en las dificultades.

Por fin, el año 1991, el Estado venezolano asumió su responsabilidad con los alumnos de los sectores populares y firmó un convenio entre el Ministerio de Educación y la Asociación Venezolana de Educación Católica (Avec). Desde ese momento nos convertimos en socios del Gobierno en su obligación de brindar el derecho a la educación de calidad de los niños, jóvenes y adolescentes que se forman en Fe y Alegría y en los centros populares católicos.

Actualmente, debemos reconocer los esfuerzos del l Estado venezolano por cumplir el Convenio, al que se le van añadiendo nuevos beneficios para los trabajadores, como por ejemplo el derecho a la jubilación para el personal docente, aunque en los últimos años, no se ha hecho efectiva a ningún trabajador.

Pero todavía sentimos que no se nos considera auténticos socios en la misión de educar: no nos sentamos en la misma mesa a analizar y enriquecer temas como la formación docente, la calidad de la educación, la educación en valores o la educación para el trabajo productivo, en los que tenemos propuestas y experiencias exitosas. Tampoco se determina mediante el diálogo, lo que debe ser el presupuesto justo que necesita la educación popular para que se cumplan los convenios con calidad y eficiencia. Las consecuencias son evidentes: cuando se aprueba un presupuesto justo, el año escolar avanza con gran satisfacción del personal y de los alumnos y participantes. Cuando el presupuesto que se aprueba, es menor al solicitado y necesitado, llegamos a situaciones como la que tenemos en este momento.

Al personal docente bajo el Convenio Mppe – Avec, todavía no se le ha cancelado el aumento derivado de la contratación colectiva que supone un aumento del 40%, retroactivo desde el mes de Mayo. El aguinaldo, que según promesas lo cobraremos por fin en próximos días, será con el sueldo “viejo”. El mes de Enero de 2012, no solo no cobraremos el nuevo 8% de incremento, sino que el personal adscrito al Mppe cobrará un 51,2% más que nosotros. Y desconocemos la fecha en que se logrará la ansiada nivelación salarial y el logro efectivo de la jubilación. Lo mismo, pero amplificado, sucede con el personal que labora en los institutos universitarios de Fe y Alegría, que llevan 4 años cobrando 15 bolívares la hora.

Nadie que conozca alguno de nuestros programas puede dudar de la entrega, generosidad y responsabilidad de nuestros trabajadores por brindar a los más pobres una educación popular de calidad. Por ello, si bien seguimos trabajando a pesar de las dificultades y problemas, pues no queremos violentar el derecho a la educación de nuestros alumnos, pedimos presupuesto justo para seguir siendo respuesta educativa a la injusticia que todavía sufren los más pobres en Venezuela.

 

domingo, 4 de diciembre de 2011

Bullying o acoso escolar



fuente : Panorama

Antonio Pérez Esclarín

La violencia crece pujante en todas partes. También, por supuesto, en las escuelas, liceos y universidades. Ya no nos sorprende escuchar o leer noticias de enfrentamientos y peleas entre liceos, destrozos de mobiliarios, violaciones y asaltos a mano armada en las universidades, la exigencia de morrales transparentes para evitar que los alumnos introduzcan armas, el comportamiento violento de algunos estudiantes incluso contra sus propios profesores.

De hecho, los centros educativos aparecen mucho más en las páginas de sucesos que en las de educación.

Todo esto no debería sorprendernos demasiado dado que la violencia se está convirtiendo en una cultura que ha penetrado todo desde las familias hasta la política, al punto que consideramos normal insultarnos, ofendernos o maltratarnos y nos da miedo salir a la calle tomada por la delincuencia.

Pero hoy quiero abordar un tipo de violencia, que pocas veces se condena por parecer menos peligrosa, pero que con frecuencia tiene consecuencias muy graves. Me estoy refiriendo al bullying o acoso escolar, que está preocupando mucho en Europa. La palabra bullying viene del inglés “bully”, que significa matón o agresor.

En este sentido se trataría de conductas que tienen que ver de una forma reiterada con los insultos, las burlas, las bromas muy pesadas, la intimidación, la humillación, los golpes.

A veces es un individuo el que acosa y maltrata; en otras, un grupo o pandilla. Por lo general, este tipo de acoso se da entre alumnos de edades comprendidas entre los 6 y los 17 años, aunque la edad de mayor riesgo en la aparición de este tipo de violencia se sitúa entre los 11 y los 15 años. Si bien estas situaciones resultan muy comunes en los centros educativos, suelen ser muy dañinas para los que las sufren.

Las consecuencias van desde el temor a ir a la escuela o el liceo, el desinterés por los estudios y su abandono, el retraimiento y la angustia, hasta el causar traumas y daños irreparables que pueden llevar incluso al suicidio. Tal es el célebre caso, entre otros, de Jokin, un alumno de 14 años que se suicidó en Hondarrabía, un pueblito vasco, harto ya de tanta humillación y maltrato por un grupo de sus compañeros de clase.

Como dato bien significativo, los que han estudiado este fenómeno han descubierto que el 40% de los pacientes psiquiátricos fueron víctimas de algún matón en el liceo o el colegio.

Si bien hay una gran variedad de tipos de acosadores, todos tienen en común algo o alguien que los hace sentir inseguros, de modo que ellos fanfarronean y agreden para sentirse mejor. Por ello, la agresión y el acoso generalmente se da con espectadores, con muchachos alrededor porque para los agresores tener público es muy importante.

Esto ocurre generalmente porque el agresor desea tener reputación de rudo o fuerte, por creer que eso le hará más popular. Por lo general, los agresores sufren o han sufrido humillaciones en el hogar o por parte de otros compañeros.

Para prevenir y enfrentar el problema hay que comenzar por dejar de pensar “que todo esto es normal entre estudiantes”, “que se trata tan solo de bromas de muchachos”, y trabajar todos (familia, educadores, políticos, ciudadanos en general) por una cultura del respeto y el buen trato que combata con decisión todo insulto, maltrato, humillaciones, ofensas y nunca aliente o celebre los maltratos y peleas.

Las investigaciones confirman que, en la mitad de los casos, se termina la agresión si alguno de los espectadores dice con firmeza: “Basta ya”, “ésto no es gracioso”, “¿te gustaría que alguien te hiciera a ti lo mismo?”

Para finalizar, quiero recordar tres frases de Mahatma Gandhi, el apóstol de la no-violencia: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”. “La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”. “No dejes que muera el sol sin que hayan muerto tus rencores”.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Ser persona de éxito


Texto: Antonio Pérez Esclarín

Carl Jung decía que “todos nacemos originales y morimos copias”. En verdad, en nuestro mundo, muy pocos se arriesgan a tomar la tarea de la vida en serio y a vivirla como una aventura fascinante en búsqueda de la propia realización personal.

Vivimos programados, dormidos, haciendo lo que nos dicen que hay que hacer, vistiendo como nos dicen que vistamos, comiendo lo que nos indican que comamos… La mayoría se contenta con llevar una vida mediocre en busca de la comodidad, el placer o el éxito. ¿Pero en qué consiste el verdadero éxito? ¿En acumular poder, títulos, dinero, carros, mansiones? ¿En un triunfo meramente materialista?

En la revista Poder apareció una entrevista que le hizo Isaac Lee al mejicano Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina. Nadie esperaría que este multimillonario se expresara de este modo sobre el éxito:
“Yo creo que el éxito no está en lo económico. Yo creo que una persona no es de éxito porque le va bien en los negocios o le va bien profesionalmente o saca buenas notas en la escuela. Creo que eso es lo que menos vale.

Lo que vale es tener los pies en la tierra, la familia, los amigos (pero los verdaderos amigos… ése que cuando te recuerda te llama, cuando sabe que estás mal en cualquier circunstancia te llama para saber si se te ofrece algo, ése que cuando te ve te da un abrazo sincero, ése que cuando te ve le da gusto saber que existes) Apreciar las cosas que tienen valor ¡verdadero!, no material, no físico necesariamente. Pienso que a este concepto bien le puedo añadir una reflexión que me regaló mi madre:

El éxito no tiene que ver con lo que mucha gente se imagina. No se debe a los títulos nobles y académicos que tienes, ni a la sangre heredada o a la escuela donde estudiaste. No se debe a las dimensiones de tu casa o de cuántos carros quepan en tu garaje. No se trata si eres jefe o subordinado; o si eres miembro prominente de clubes sociales.

No tiene que ver con el poder que ejerces o si eres un buen administrador o hablas bonito, si las luces te siguen cuando lo haces. No es la tecnología que empleas. No se debe a la ropa, o si después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que definen tu estatus social. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo.

El éxito se debe a cuánta gente te sonríe, a cuántas gentes amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se trata de si te recuerdan cuando te vas. Se refiere a cuánta agente ayudas, a cuánta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. Se trata de que en tus triunfos estén incluidos tus sueños.

De si tus logros no hieren a tus semejantes. Es acerca de tu inclusión con otros, no de tu control sobre los demás. Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste la naturaleza y a los niños y te preocupas de los ancianos.

Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuántos te siguen si no de cuántos realmente te aman. No es acerca de transmitir, sino cuántos te creen si eres feliz o finges estarlo. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de tener más.

¡Esto es el éxito!


Fuente: Panorama.com.ve