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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Tirano banderas




j.g. guerrero lobo*

A noventa años de la publicación  de Tirano Banderas, Novela de tierra caliente, de  Don Ramón del Valle-Inclán (Vilanova de Arousa, 28 de octubre de 1866 – Santiago de Compostela, 5 de enero de 1936), creador del esperpento histórico, incidió, en barroco lenguaje de integración americanista con Tirano Banderas, publicada en 1926, tema del caudillo criollo, a veces llamado monstruo, tirano otros, las más, por eufemismos, dictador.

 Valle-Inclan, había viajado en 1892 a México, influyó mucho menos el llamado “desastre del 89”, fue testigo excepcional de dos acontecimientos: la primera guerra mundial, que vivió  directamente en el frente Verdún, en calidad de comisionado  por la agencia Prensa Latina y el periódico El Imparcial, y la consolidación institucional de la Revolución mexicana que tanto le impresionó.

En 1921 viaja por segunda vez a México, como huésped de honor del General Álvaro Obregón, como periodista-escritor siguió de cerca la Revolución soviética, ello influencio en el nuevo rumbo en su trayectoria literaria adquirido entre 1917, fecha de publicación La media noche. Visión estelar un momento de la guerra, y 1924, año de la versión definitiva de su esperpento Luces de bohemia. Justificar este quiebre de comparación entre la República imaginaria de Santísima Trinidad de Tierra Firme en Tirano Banderas, novela publicada en 1926, que Don Ramón escribe bajo la égida del dictador Miguel Primo de Rivera y Orbaneja y en la que gachupines son cómplices abyectos de la tiranía y el México de la Sonata y estilo, publicada en 1903, en donde el marqués  de Brandomín (Embajador) llega imbuido de sueños imperiales, recordando a Hernán Cortés.

Tirano Banderas, es un modelo de construcción narrativa fundamental con riqueza poética profundamente innovadora que se basa en la reducción temporal -“la angostura del tiempo” como lo denomina su autor-, el fragmentarismo  de la acción, articulada a modo de secuencia  o “estampitas”, ello le permite narrar acontecimientos simultáneos y le da supraindividual. El título es engañoso, el no solo pinta a un tirano individual,  denuncia la degradación de las personas por la tiranía y concibe una República imaginaria, la de Santísima Trinidad de Tierra Firme, que en quintaesencia de la America  hispana donde  concurren  tres castas, cada una representada  por tres individuos. Los insurgentes son criollos; Filomena Cuevas, el doctor Sánchez Ocaña y Roque Cepeda en quien Valle-Inclán  expresa su admiración por el personaje histórico de Francisco Madero. Frente a ellos, los despreciables cachupines: el Embajador de España, el ricachon don Celes y el usurero Peredita. Y son indios, el revolucionario Zacarías el Cruzado, “el duro castigo del chicote” en palabras del mismo Valle-Inclan a Martínez Sierra, y Santos Bandera, con rasgos  no sólo autóctonos sino, como el novelista reveló en una carta a Alfonso Reyes, del doctor Francia, de Rosas, de Melgarejo, de López y Porfirio Díaz contra el que lucho Madero.

Filomena Cuevas, criolla ranchera, había dispuesto para aquella noche armas a sus peones con los fusiles ocultos en una manigual, y las glebas de indios, en  difusas líneas, avanzaban sobre el estero  de Ticomaipú, luna clara, nocturnos horizontes profundos  susurros y ecos.

Desde mediados del siglo pasado encontramos novelas o relatos novelados en  los cuales el aliento que las anima es el odio a la tiranía o al sátrapa que la ejerce. Amalia, editada en Montevideo 1881, de José Mármol, quien nació el 2 de diciembre 1817 en Buenos Aires  y fallecido en 1871, enfrentado al dictador Manuel de Rosas, pasó en la cárcel varios meses en 1839. La novela fue un alegato antiterrorista en contra del Gobierno de José Manuel de Rosas. En  1904, en Nostromo, considerada como la obra cumbre Joseph Conrad, en 1909  aparece en Caracas la novela titulada El Cabito, su autor, Pedro María Morantes, la firma con el seudónimo  de Pío Gil, El guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, con El Señor Presidente, Arturo Uslar Pietri dice: “yo asistí al nacimiento de este libro, Viví sumergido de la irreparable  atmósfera de su condensación. Entré, en muchas formas, dentro del delirio mágico que le dio forma cambiante y alucinatorio. Lo vi pasar, por fragmentos, de la conversación al recitativo, al encantamiento y a la escritura. Formó parte irreal de una realidad en la que viví por años sin saber muy bien por dónde navegaba”, la condensada de este ambiente de círculo infernal, toda la ciega y fatal máquina de terror esta vista desde afuera. Jorge Zalamea, con El Gran Batundún-Burundá, el cubano Alejo Carpentier,  con El recurso del Método, paraguayo Augusto Roa Basto, con Yo el Supremo. Rufino Blanco Fombona La Mitra de la mano, en 1927 y La bella y la fiera  en 1931, José Rafael Pocaterra da a conocer Memorias de un venezolano de la decadencia, Gerardo Gallegos publica El puño del amo, en 1939, Fiebre de Miguel Otero Silva, aparece Mi Compadre en 1934, del escritor Fernando Gonzáles,  Rafael Requena  publica  Vestigios de la Atlántida, y Manuel Bedoya, La garra roja y Tirano Bebevidas, contra Sánchez Serra y el General Oscar R. Benavides, ambos dictadores del Perú, César Falcón publica El buen vecino Sanabria 1947,  Gabriel García Márquez,  con El Otoño del Patriarca,  No oficio de Tinieblas de Camilo José Cela, Arturo Uslar Pietri  con Oficio de Difuntos sobre Juan Vicente Gómez, La Fiesta del Chivo 2000 de Mario Vargas Llosa, Gómez el amo del poder, 1975, Domingo Alberto Rangel, uno de los últimos libros Dictador , Anatomía de la Tiranía 2008, de Ramón Guillermo Aveledo.

Tirano banderas salió a la ventana, blandiendo el puñal, y cayó acribillado. Su cabeza, befada por sentencia, estuvo tres días puesta sobre un cadalso con hopas amarillas, en plaza de armas: El mismo auto mandaba hacer cuatro troncos y repartirlos en la frontera, de mar a mar. Zamalpoa y Nueva Cartagena, Puerto Colorado y Santa Rosa del Titipay, fueron las ciudades agraciadas.

jueves, 1 de septiembre de 2016

La locura del poder

por: j. g. guerrero lobo

Los hombres que han dirigido el Estado en estos últimos diez y siete años, han destruido toda nuestra producción nacional en el campo Agro-económico-industrial y han  llevado al ciudadano a pasar las penurias más adversas,  debemos indicar los peligros que asechan a la República. Por qué a la República  y no al país,  optimista nos empeñamos en justificar, que hay  conciencia republicana y verdadero talante democrático, para aspirar una sociedad justa.

Aquí en Venezuela, asistimos al declive del hombre público, como dijera Milan Kundera, la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. Y con este artículo dejamos un arsenal para la memoria, llenas de pasión civilista y polémica democrática venezolana, tratando de sacudir la pasividad y la modorra de muchos, que con su apatía, han contribuido y contribuyen a esta tragedia nacional, hoy  como en el siglo XIX el siglo de guerra, para los venezolanos no era el Presidente de la República, sino un general determinando quien tiene en sus manos el poder, un país que no lograba todavía su integración cabal como Estado y desconocía el concepto de Nación: no podía lograr la consolidación política, ya que se encontraba bajo circunstancias extremas de desacuerdo social, viviendo en una constante anarquía, imperaba en el país un permanente clima de guerra auspiciado  por una multitud de caudillos nacionales, regionales y locales peleándose entre si. La sucesión es indeterminable de constantes levantamientos revoluciones y contra-revoluciones ellas marcaron la historia venezolana del siglo XIX.

viernes, 26 de agosto de 2016

Oscar Ortega, el hacedor de campeones


Por: J.G. guerrero lobo*

Es puro músculo, de saludar cortes, amable con todos y gran sentido de la  humildad, callado hasta que agarra confianza, excelente conversador de su tema el arte del boxeo, con profundos conocimientos, cuando se esparrama saca de cada álbum una fotografía y narra el momento, tiempo, y lugar en que fue tomada y la historia de sus personajes, bien vestido, al oírlo hablar siempre se plantea una estrategia para los combates de sus pupilos y a la vez la táctica de la pelea, se tiene que preparar un plan general para optimizar el desarrollo de la pelea, administrar la energía y la forma de repartirse en el trascurso del combate y lo segundo es el factor de los nervios, que en todo momento se debe controlar, los primeros asaltos del combate a estudiar al contrario y ver la forma más idónea para ganar la pelea, este deporte va más allá de los golpes se requiere dominio y destreza mental, al golpear al oponente para derrotarlo, y cubrirse estratégicamente a fin de no ser golpeado.

Estamos hablando del hacedor y entrenador de campeones José Oscar Ortega, quien nació en la Ciudad de Tovar el 27 de octubre de 1949, hijo de Eladia Ortega y José Domingo Guillen, cuando tenía 6 años, murió su señora madre y  es su abuela Doña Delia Ortega, que vivía en El Vigía, quien se ocupó de él y sus tres hermanos.

El gran Ángel Alberto Callejas , lo descubre a los 12 años y comienza a entrenarlo, hace su primera pelea amateur en Santa Bárbara Estado Zulia, contra Wilmer Díaz, comenzado así  su carrera en el ensogado, luego aparece también en su vida el recordado Manuel Cabrera (El Peruano), entrenador de los boxeadores, y Pastorita el masajista.

Ángel Alberto, es el gran promotor del Boxeo en El Vigía, quien en limpio combate detrás de los almacenes de la estación del ferrocarril, derrota a “Revolvito”, campeón de Santa Bárbara del Zulia, pelea que pautó Enrique Socorro,  y con el nace una pléyada de boxeadores: los hermanos Sierra, Rodolfo (Chivita), Mauro Fernández, Germán Gómez, Teodoro Silva, Liborio Díaz (medio metro), Beto (bola), Isauro Rodríguez y el narrador Guillermo Briceño, delegado (Ad-honores) del Instituto Nacional de Deporte (IND), es de gran apoyo  don Rafael Ángel Quiroz Vera y Jesús A. Gómez Castro, quienes el 03 de agosto de 1962 fundan la primer emisora en El Vigía, Ondas Panamericanas,  trasmitiendo los combates amateur y profesional, prueba de ello es una gráfica del fotógrafo del momento el popular Zurdo que aparece en el centro abrazando los contendores de una pelea memorable entre Rodolfo (Chivitas) Sierra y Ángel Alberto Callejas, quien gana por decisión, en ella también podemos apreciar a remachito quien asistió en la esquina a Callejas.

Oscar, salta al profesional en pelea a seis asaltos contra Amable Barrios, despachándolo en el quinto asalto por nocaut, fue el primer boxeador nacido en el Estado Mérida y preparado en El Vigía, en ser Campeón Nacional de Boxeo.

Su vida como entrenador, es su gran carta de presentación: La Federación Venezolana de Boxeo dice que fue Técnico de la Selección Nacional  con fructífera labor en  El Vigía Estado Mérida, ciudad en donde formó atletas durante 35 años; obteniendo más de 100 medallas internacionales en representación de nuestro país, en las siguientes competencias: Batalla de Carabobo, Copa Simón Bolívar, Córdova Cardim, Lino Salvatierra en Cuba; Espartaquiada Grecia, Copa Química Halle en Alemania, Copa de los Reyes de Tailandia, Cinturón de oro en Rumania,  Copa Victoria en Rusia, Mayaguesana en República Dominicana, Juegos Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos, Eliminatorias y juegos Olímpicos, Campeonatos Mundiales en Categoría Juvenil,  Adultos y Mundiales Militares.  Así también como Técnico en los juegos Olímpicos de Barcelona – España en 1992; Córdova  Cardim en 1978 y 1986; centroamericano y del Caribe en 1989; Coordinador Técnico de los Juegos Panamericanos en Caracas – Venezuela 1983; Entrenador de la Selección Nacional asistiendo  al Mundial Juvenil en Cuba en 1996 y Argentina 1998; Mundial de Adultos en Huston – Texas (U.S.A.) en 1999 y Mundial Juvenil en Guadalajara – México 2008, fue miembro del Directorio de la Federación Venezolana de Boxeo en varios periodos, posee Mención de Honor  como Entrenador del año 1992; Entrenador del año por la Federación de Boxeo en los años 1996, 1997, 1999 y 2000, muchos son los atletas formados por el profesor de los entrenadores que han disputado títulos mundiales,  entre ellos José Luis Varela, Edwin “El Inca” Valera, Yoel Finol  a quien su tío Evelio finol  se lo confía a Oscar Ortega su entrenamiento; hoy  medallista de las Olimpiadas de Río 2016.

Se casó con Nancy del Carmen Mora de Ortega, con quien procrea a Isnardy, Edder José, Jesús Trinidad y Sorelys del Carmen Ortega Mora.

Su  primera meta en la vida fue  pagar todos los costos que la estricta disciplina del deporte le reclamaba. Al fin de cuentas, toda su vida había sido, hasta ese momento, una dura competencia para sobrevivir en un mundo que parecía estar dispuesto a cobrarle caro. El estigma de la tragedia lo acompañaba desde sus primeros días y estaba acostumbrado a lidiar contra la adversidad. La sombra de la muerte se tornó en una aliada para Oscar, haciéndole perder el miedo al dolor y transformando su rebeldía en puños de acero puro para combatir sobre el cuadrilátero y crear la leyenda. En el año 2004, fallece Doña Delia Ortega, a quien él llamaba  su mamasita  linda y el día 11 de Febrero de 2005 en la tragedia ocurrida en Santa Cruz de Mora del Estado Mérida, su señora esposa; años más tarde, sufre un infarto en uno de sus viajes, y  hace poco fue intervenido quirúrgicamente recuperándose satisfactoriamente. El 19 de abril del 2010, su pupilo Edwin “El Inca” Valera asesina a su esposa para luego  suicidarse.

Oscar Ortega  emprende de nuevo lo que sabe hacer,  hoy  jubilado practica la filantropía del boxeo, ya que poco o nada cobra por sus sabias enseñanzas a las nuevas generaciones, abriendo las puertas de su casa; ubicada en la inmaculada, en donde en la terraza techada montó su gimnasio, allí lo encontramos, cuando lo visitamos con el profesor Eudes Blanco, y el Licenciado José Ramón (Monchito) Contreras Batista,  quién se unió a nosotros para ir a saludar a su vecino el Cronista de la Ciudad  Profesor Deliberando Varela y en grata tertulio la pasamos requete-bien.

¿La mayoría de la gente piensa que los boxeadores fuera y dentro  del ring son solo rudeza,  tú que piensas de eso? quien responde es la periodista-escritora Araceli Martínez; “No estoy de acuerdo, para mi son las personas mas sencillas con un corazón de pan, son agradables claro algunos de ellos ponen distancia con la gente pues de una manera tratan de protegerse de el acoso, hay algunas personas  que sacan provecho de ellos ya sea con fotos, guantes autografiados que muchos ponen a la venta es por eso que ponen esa cara dura. Sin embargo la mayoría de los boxeadores  son transparentes y cálidos una vez que te conviertes en un amigo te dan su confianza. Los 17 campeones que entrevisté salieron de la pobreza algunos tuvieron que mantener a sus familia desde muy chicos, o les faltó amor  en su hogar, otros fueron motivados a creer en si mismos y hoy son grandes, pero en contraste, otros vivieron en las calles antes de llegar a la cúspide”.1

El triunfar va aunado al sacrificio y la disciplina para aprender y golpear y ser golpeado, si te caes a la lona, te levantas y la constancia te lleva a triunfar, el boxeo es un gran deporte que se puede definir con cuatro palabras: sacrificio, sangre, sudor y golpes, ellos  forjan la leyenda y ella tiene nombre propio: Oscar Ortega.


Nota: 1: Araceli Martínez autora del libro “El negocio del dolor”” editorial: Instituto de Cultura de Baja California, año de edición 2010.

Ortega(centro) en compañía del periodista Ramón Conteras(a su derecha)
y el historiador Eudes Blanco. (imagen J.G Guerrero Lobo)